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Desde esta sala medio oscura del aeropuerto de Medellín, les reporto mis experiencias. Me levanté en las tiernas horas de esta mañana, a las tres y media de la madrugada. Me dejé caer de la cama todavía dormido para ir al baño y darme un regaderazo y poder despertar. El déficit de horas de descanso, generalmente me atonta, así que un poco de agua fría hizo que la sangre irrigara mi cerebro y le dijera que era hora de empezar a trabajar. El taxi llegó puntualmente a las 4.30 AM, así que inmediatamente subí mi maleta, un poco pesada de tanto libro que me regalaron y cruzamos la ciudad, la cual aún dormía. Las luces comulgando con la noche dibujaban bien el trazo urbano de esta, la segunda ciudad más grande de Colombia.


El sol fue escaso todos los días, porque daba paso a los constantes aguaceros y muchos nublados que prevalecieron durante mi visita. La estancia fue una buena ocasión para conocer más la cultura de este país sudamericano, especialmente la comida, ya que tuve la oportunidad de probar diferentes platillos culinarios, de escuchar su cadenciosa música y de convivir con sus moradores, a quienes llaman afectivamente rolos y rolas (bogotanos y bogotanas), Vine a dar dos conferencias en un evento organizado por el Grupo Difusión Científica, donde los temas fueron sobre estrategias para fomentar el uso de la información en los espacios de aprendizaje de las instituciones educativas, así como una sobre como adquirir material electrónico.